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son las 12, no debe tardar en llegar (pensaba en mis adentros, mientras los nervios me hacían nuevamente encender otro cigarrillo, no se cuantos llevaba ya, y tampoco me importaba) De pronto tras de mi una mano se posa suavemente en mi hombro, la mire y me quede sin respiración, llevaba un vestido negro, el cual enseñaba lo justo y dejaba lo demás para la imaginación, lo cual es algo que me encanta (me dije ya habrá tiempo para descubrir el tesoro que encierra tanta belleza)